Las hermanas habían sumado una nueva actividad a las habituales. Las pequeñas recibían lecciones de piano con un entusiasmo poco frecuente. La profesora les había informado a los padres del talento de ambas para la música y de la conveniencia de contar en el hogar con un instrumento para dedicar más tiempo al estudio.
El padre se caracterizaba por ser un soñador amante del arte pero también era una realidad que frecuentemente sus ingresos resultaran escasos.
El anhelo de comprar un piano parecía desvanecerse cuando surgió la oportunidad.
Cruzando la calle, a pocos metros de la casa, había vivido una anciana misteriosa y extravagante. Se la veía a través de los cristales de sus ventanas, vistiendo ropas de telas brillantes y llamativos colores, anticuadas y deslucidas por el tiempo. Vivía con ella otra mujer, algo más joven, tal vez una criada, siempre vestida de negro e igualmente extraña.
La de los brillos, acostumbraba tocar el piano, avanzada la noche o cuando clareaba el día. Los sonidos no muy coordinados de pretendidas melodías, se esparcían por el vecindario en el silencio de esas horas
La conducta de las mujeres, distinta a las del resto de la gente del barrio, provocaba en los más chicos curiosidad y un poco de temor. Los mayores comentaban que la dueña de casa, en su juventud, había sido actriz o cantante de óperas. Todos tenían historias para contar, aunque nunca se supo si alguna de ellas era real.
Una tarde se notaron movimientos no habituales en la casa de las viejas, como todos las llamaban. Horas después, los vecinos se transmitieron la noticia unos a otros: La artista había muerto.
Ese día, la criada se ausentó para no regresar.
La casona quedó solitaria y aún más inquietante que cuando estuvo habitada.
Pasado algún tiempo, llegaron a la casa de las viejas unas personas desconocidas, tal vez familiares. Cuando preparaban los muebles para retirarlos, el padre de las niñas se acercó para preguntar si vendían el piano. Accedieron rápidamente, casi sin pensarlo, como si se quitaran un peso de encima, y a un precio muy conveniente.
Como por arte de magia, el piano estuvo instalado en la casa de las pequeñas pianistas. La familia vivía un especial estado de felicidad. Se desplazaron muebles y se mudaron cuadros de lugar para que recibiera la luz adecuada y luciera importante.
El piano pasó a ocupar el mejor lugar de la sala.
Las niñas interpretaban hermosas melodías. Los padres, orgullosos, se sentaban a escucharlas.
Cada noche, tenían el cuidado de cerrarlo, como si se tratara de una caja de cristal. Hasta que una vez, el teclado quedó descubierto. A la madrugada se oyeron sonidos provenientes del piano. Alguien pulsaba las teclas. Cada uno pensó en el otro. Cuando se reunieron para desayunar, comprobaron que ninguno de ello había sido.
A los pocos días, el piano quedó abierto nuevamente. En la mitad de la noche, otra vez los extraños sonidos, de los graves a los agudos y de los agudos a los graves.
Lo comentaron con los vecinos. Todos opinaron lo que ellos temían y no querían escuchar:
-Es la vieja, que regresa a tocar su piano a las mismas horas que lo hacía en vida.
Preocupados por la situación, como un desafío, no bajaban la tapa, pero la musiquilla se repetía cada vez.
El instrumento se fue convirtiendo en una especie de monstruo, no solamente evitaban tocarlo, sino pasar a su lado. La tranquilidad de esa casa se había perdido.
El padre ante el malestar que la sorprendente situación había creado tomó una valiente decisión.
-Esta noche me quedaré en el sofá de la sala, hasta saber qué ocurre con ese maldito piano.
Elevó la voz y descargó un violento golpe de puño sobre la mesa.
Muy alterado, concluyó:
-¡No sé que diablo me mandó comprarlo!
La madre y las hijas, las tres en la misma cama, abrazadas, aguardaban con temor el incierto desenlace.
De pronto ¡el piano comenzó a sonar!
-¡Vengan rápido! –llamó el padre.
Llegaron a la sala, aterradas y sin aliento... el hombre nervioso y aliviado se reía a las carcajadas. Todos rieron con ganas.
¡El gato!
Con mirada nocente, parado sobre las teclas, como preguntando:
-¿Qué hice?
Meme