miércoles, 29 de noviembre de 2006

EL PIANO

Las hermanas habían sumado una nueva actividad a las habituales. Las pequeñas recibían lecciones de piano con un entusiasmo poco frecuente. La profesora les había informado a los padres del talento de ambas para la música y de la conveniencia de contar en el hogar con un instrumento para dedicar más tiempo al estudio.
El padre se caracterizaba por ser un soñador amante del arte pero también era una realidad que frecuentemente sus ingresos resultaran escasos.
El anhelo de comprar un piano parecía desvanecerse cuando surgió la oportunidad.
Cruzando la calle, a pocos metros de la casa, había vivido una anciana misteriosa y extravagante. Se la veía a través de los cristales de sus ventanas, vistiendo ropas de telas brillantes y llamativos colores, anticuadas y deslucidas por el tiempo. Vivía con ella otra mujer, algo más joven, tal vez una criada, siempre vestida de negro e igualmente extraña.
La de los brillos, acostumbraba tocar el piano, avanzada la noche o cuando clareaba el día. Los sonidos no muy coordinados de pretendidas melodías, se esparcían por el vecindario en el silencio de esas horas
La conducta de las mujeres, distinta a las del resto de la gente del barrio, provocaba en los más chicos curiosidad y un poco de temor. Los mayores comentaban que la dueña de casa, en su juventud, había sido actriz o cantante de óperas. Todos tenían historias para contar, aunque nunca se supo si alguna de ellas era real.
Una tarde se notaron movimientos no habituales en la casa de las viejas, como todos las llamaban. Horas después, los vecinos se transmitieron la noticia unos a otros: La artista había muerto.
Ese día, la criada se ausentó para no regresar.
La casona quedó solitaria y aún más inquietante que cuando estuvo habitada.
Pasado algún tiempo, llegaron a la casa de las viejas unas personas desconocidas, tal vez familiares. Cuando preparaban los muebles para retirarlos, el padre de las niñas se acercó para preguntar si vendían el piano. Accedieron rápidamente, casi sin pensarlo, como si se quitaran un peso de encima, y a un precio muy conveniente.
Como por arte de magia, el piano estuvo instalado en la casa de las pequeñas pianistas. La familia vivía un especial estado de felicidad. Se desplazaron muebles y se mudaron cuadros de lugar para que recibiera la luz adecuada y luciera importante.
El piano pasó a ocupar el mejor lugar de la sala.
Las niñas interpretaban hermosas melodías. Los padres, orgullosos, se sentaban a escucharlas.
Cada noche, tenían el cuidado de cerrarlo, como si se tratara de una caja de cristal. Hasta que una vez, el teclado quedó descubierto. A la madrugada se oyeron sonidos provenientes del piano. Alguien pulsaba las teclas. Cada uno pensó en el otro. Cuando se reunieron para desayunar, comprobaron que ninguno de ello había sido.
A los pocos días, el piano quedó abierto nuevamente. En la mitad de la noche, otra vez los extraños sonidos, de los graves a los agudos y de los agudos a los graves.
Lo comentaron con los vecinos. Todos opinaron lo que ellos temían y no querían escuchar:
-Es la vieja, que regresa a tocar su piano a las mismas horas que lo hacía en vida.
Preocupados por la situación, como un desafío, no bajaban la tapa, pero la musiquilla se repetía cada vez.
El instrumento se fue convirtiendo en una especie de monstruo, no solamente evitaban tocarlo, sino pasar a su lado. La tranquilidad de esa casa se había perdido.
El padre ante el malestar que la sorprendente situación había creado tomó una valiente decisión.
-Esta noche me quedaré en el sofá de la sala, hasta saber qué ocurre con ese maldito piano.
Elevó la voz y descargó un violento golpe de puño sobre la mesa.
Muy alterado, concluyó:
-¡No sé que diablo me mandó comprarlo!
La madre y las hijas, las tres en la misma cama, abrazadas, aguardaban con temor el incierto desenlace.
De pronto ¡el piano comenzó a sonar!
-¡Vengan rápido! –llamó el padre.
Llegaron a la sala, aterradas y sin aliento... el hombre nervioso y aliviado se reía a las carcajadas. Todos rieron con ganas.
¡El gato!
Con mirada nocente, parado sobre las teclas, como preguntando:
-¿Qué hice?

Meme

martes, 28 de noviembre de 2006

HISTORIA DE UN PELUQUIN

Soy un peluquín. No todos los peluquines han vivido hechos singulares como los míos. Aventuras o desventuras con las que el destino me señaló.
Antes de ser peluquín, por cierto, fui cabellera. Había crecido en la cabeza de un pintoresco personaje: El mago Magú. Éste me ataba con una cinta a la altura de la nuca; para compensar la escasez en la parte superior me había dejado crecer y llegaba hasta la mitad de su espalda. Mi color castaño claro producía admiración, el mago Magú lo sabía y tenía conmigo un cuidado especial.
Yo estaba orgulloso de ser parte de un personaje tan particular. En la plaza, Magú entretenía a los paseantes con trucos de magia y su humor incomparable. Vestía ropas de colores intensos y una capa roja que resplandecía al sol.
Al final de la jornada el pobre sólo contaba con algunas monedas que apenas le alcanzaban para atender las necesidades básicas.
En una ocasión, de regreso a su casa, pasó por el negocio de un anticuario y éste lo invitó a entrar para ofrecerle una esfera de marfil. El hombre le aseguró que con sus dotes de mago, podría ver dentro de ese objeto el destino de las personas que se lo solicitaran. Con ello ganaría mucho dinero.
Desde ese momento el mago Magú sólo pensaba en la bola y en como conseguir el dinero para comprarla.
Fue entonces cuando se decidió a venderme a un fabricante de pelucas.
El artesano realizó una pieza perfecta. Me colocaron en el mejor sitio de la vidriera. No había calvo que no se detuviera para admirarme.
Lo que nadie podía ni siquiera imaginar era que yo tenía sentimientos como los seres humanos. Añoraba al mago Magú y su divertida manera de vivir. Por esa razón no me agradaba ningún interesado en comprarme. Algunas veces me contraía y en otras me estiraba, haciéndoles creer, al probarme, que no correspondía al tamaño de sus cabezas y desistían de llevarme.
Al cabo de un tiempo, aburrido de permanecer en la vidriera, deduje que desde ese lugar nunca encontraría al mago Magú. Decidí regresar al mundo con el primero que se interesara por mí.
Me compró un rico empresario. Cada mañana, sobre la cabeza del hombre, viajaba hasta las oficinas de la empresa. Pronto me fastidié de escuchar siempre los mismos temas: negocios y dinero. Comencé a planear la huida.
Esperé el momento que el empresario se acercara a la ventana y me arrojé desde el 8º piso. Me enganché entre las ramas de un árbol alto. Aguardaba que pasara una testa sin melena para descolgarme.
Escapando y tentando a los de escasa cabellera, compartí la vida con un profesor de matemáticas que me provocaba tedio con sus interminables cálculos. Después con un panadero con el cual me moría de calor cuando horneaba. También con el acomodador de un cine que siempre salía de la sala en el momento que la película se ponía más interesante.
Hasta que pude escapar de esta última cabeza y esconderme entre las butacas. Me descubrió un niño y me llevó para usarme como casco, para jugar en la plaza con sus amigos.
¡La misma plaza donde trabaja el mago Magú!
Pude ver al mago en el lugar de siempre. Mi alegría fue enorme. Para captar su atención hice cosquillas en la cabeza del niño. El muchacho saltaba tratando de desprenderse de mí; el mago reparó en los movimientos y me reconoció como su cabello. El niño, molesto, me arrojó sobre el pasto. Magú me recogió con emoción.
En su casa, me acomodó sobre la cabeza y se vio muy bien así. Acariciándome, me confesó:
- Perdoname, te cambié por ese objeto inútil; un engaño del anticuario. Sólo era una bola de billar... ni siquiera era de marfil.

Meme

lunes, 27 de noviembre de 2006

POLICIALES

La cúpula de la sección 007 del Departamento de Policía había sido renovada. El nuevo jefe, Elko Misario cargaba sobre sus espaldas una difícil tarea: Atrapar a los escurridizos delincuentes que asolaban la zona con audaces y reiterados robos. Misión por la cual habían fracasado sus antecesores.
Los ladrones estaban identificados. Estos eran Esteban Dido y Joel Malo. Los golpes eran apoyados desde el exterior por la mujer de Malo, Mima Landrín. La osada señora - imposible de reconocer a simple vista por sus constantes cambios de pelucas- los esperaba cerca del lugar a bordo de un automóvil. Hábil conductora, partía a gran velocidad con sus cómplices. Se introducían por la calle Lamar Aña rumbo al distrito Elba Rial; adonde era sumamente dificultoso dar con ellos.
Elko Misario, de gran experiencia en la materia, había ideado un plan para pescarlos "in fraganti" e impedir la huida.
El banco “Deloro”, la perfumería “Aromas” y la casa de lencería “Laka Misetta”, se mantenían hasta el momento, sin robos. Era probable que alguno de ellos fuera la próxima víctima.
El jefe, apostaría en esos lugares agentes que simularían ser empleados y a otros fingiéndose clientes. Varios patrulleros cerrarían las calles que conducían a Elba Rial.
Al banco iría León Bravo, a la perfumería, Cosme Tico y a la casa de lencería, Mica Alzón. Cada uno estaría en su puesto, atento a lo que pudiera ocurrir.
El lugar elegido para el robo fue el banco. Aunque con fuerte resistencia por parte de los ladrones, fueron reducidos por el oficial León Bravo con la colaboración de otros agentes.
A Mima Landrín la apresaron cuando intentaba huir. En esos momentos sufrió un ataque de nervios. Fue asistida por Elsa Natorio, la oficial médica y luego conducida a la cárcel de mujeres.
Esteban Dido y Joel Malo fueron trasladados al Departamento de Policía; adonde los esperaban los oficiales Elko Misario, Félix Deverlos y otros.
Los delincuentes, encerrados en una celda, purgarán los delitos cometidos y por fin los comerciantes de la zona tendrán paz.

Meme

LOS QUINTEROS

El matrimonio Quinteros siempre había soñado con una casa rodeada de árboles y un lugar disponible para la huerta.
El sueño comenzaba a convertirse en realidad; habían comprado un terreno donde la ciudad se encuentra con el campo.
Dispuestos a construir la vivienda, encargaron los planos a los conocidos arquitectos Edi Ficar y Armando Casas, quienes muy pronto los tuvieron listos.
Compraron los materiales necesarios en el comercio de Estela Drillero y comenzaron la obra.
Una vez terminada la casa, los Quinteros se instalaron en ella.
Faltaba cumplir la otra parte de la ilusión: la huerta.
Los Quinteros no conocían mucho sobre cultivos, pero tenían dos vecinas, una a la derecha, Elsa Pallito y otra a la izquierda, Susana Horia, con unas huertas maravillosas. Recurrieron a ellas para que los aconsejaran.
En primer lugar - les dijeron las vecinas- necesitan ropa adecuada para labrar la tierra; hay prendas de muy buena calidad en el negocio de Elma Meluco. Después, como hicimos nosotras en su oportunidad, consultar sobre el momento conveniente para sembrar. Quien más conoce sobre los tiempos de siembra es la señora Clara Luna.
La señora Luna los asesoró con cortesía y les dio algunas recomendaciones; como la de comprarle las semillas a Alma Naque, quien tenía un amplio surtido para cada época del año.
Tuvieron cuidado – según les indicaran- de no utilizar la parte trasera del terreno, el que linda con el de Enzo Ombras, porque no era un sitio adecuado para que las verduras se desarrollaran con éxito.
Pasado el tiempo, los Quinteros fueron dueños de una de las mejores huertas del lugar.
La primera cosecha coincidió con la visita de la prima Vera. El matrimonio decidió festejar ambos acontecimientos e invitaron a sus amigos y también a sus vecinos al restorán de Esteban Quete.
Los primeros en llegar a la cena para celebrar con los Quinteros, fueron Elsa Lamín, Musa Arella, Roque Fort y Elvino Blanco.
La fiesta, en la cual cantó Román Cero, estuvo muy divertida.

Meme

CADA UNO EN SU LUGAR



Esta es una historia que sucedió hace mucho, mucho, pero muchísimo tiempo, cuando nuestro planeta no era como lo conocemos ahora.
En aquel entonces todo estaba dividido en diferentes mundos de acuerdo a la naturaleza de cada uno.
La Tierra era una enorme esfera adonde solo había tierra. Sus habitantes se quejaban de que andaban siempre sucios de polvo.
Agua era otro mundo aparte. Los de allí se lamentaban porque vivían mojados.
En el planeta Noche estaban cansados de dormir y de que siempre estuviera oscuro.
En Día ocurría lo contrario: el reclamo era porque el sol no se ponía jamás.
En Viento tenían que caminar entre remolino y remolino.
En Lluvia, quedarse siempre en casa y en Nieve los disgustaba estar todo el tiempo congelados.
En Cielo nada tenía consistencia, moraban en el aire o en las nubes.
En Arco Iris andaban resbalándose de un lado para el otro, porque las calles eran curvas.
En Luna tenían frío y estaban muy pálidos.
En Montaña decían estar demasiado alto.
Existía también el planeta Plantas y Flores adonde los habitantes clamaban por algo que no estuviera tan verde.
En Animales resultaba imposible convivir con tantas especies diferentes.
Atendiendo a los reclamos de sus habitantes EL que podía conducir todos esos mundos, envió un ave a visitar a los delegados de cada uno de ellos para invitarlos a una reunión muy importante que se realizaría en Tierra.
Los de Agua llegaron vestidos con trajes celestes adornados con puntillas de espuma.
Los del planeta Noche tenían ropa azul oscuro con estrellas plateadas y los de Día atuendos dorados.
Con tules que se movían acompasados, aparecieron los de Viento y los de Lluvia.
Los pobladores de Plantas y Flores se presentaron muy perfumados.
Con capas de nubes arribaron los vecinos de Cielo.
De plateado los de Luna, de muchos colores los de Arco Iris, de blanco los de Nieve y de tonos formales los de Montaña.
Los dueños de casa, los moradores de Tierra, se pusieron un poco tristes cuando compararon sus trajes oscuros y polvorientos con tantos brillos y colores, pero pronto la vida iba a cambiar para ellos y también para los demás.
En aquella asamblea, después de mucho deliberar, decidieron unirse.
Resolvieron instalarse algunos sobre la Tierra y otros en sus alrededores, convencidos de que ése era el lugar más apto. Acordaron repartirse en forma ordenada.
Desde entonces todos compartieron, como nosotros ahora, un poco de cada cosa:
Los días y las noches. El cielo con sol, luna, estrellas y a veces el arco iris. Los mares, los ríos y las montañas. Los animales, las plantas y las flores.
Los que no estuvieron de acuerdo fueron Nieve, Viento y Lluvia pero prometieron venir de visita de tanto en tanto.
Y colores y colorinches a todos se les pasó el berrinche.

Meme